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Editorial

Una pesadilla, no un sueño


Imelda Jacobo / 05 julio 2019 / 5:45 pm

Editorial UCA

05/07/2019

 

La situación de los migrantes, entre ellos muchos salvadoreños, en los centros de detención de la frontera sur estadounidense es cada vez más inhumana. Aunque desde hace meses organizaciones de derechos civiles vienen denunciándolo, ha sido un informe del Departamento de Seguridad Interior y los reportes de unos congresistas demócratas los que han hecho que este drama se ponga en el centro de la atención pública.

Las condiciones de detención son en algunos aspectos similares a las de las prisiones salvadoreñas. El informe de la entidad estadounidense revela que algunos centros de detención presentan un hacinamiento de más del 400%, otros solo disponen de un retrete para 155 detenidos y una ducha para cada 189. Son tan precarias las condiciones que muchos migrantes pernoctan al aire libre; otros, en celdas donde solo pueden estar de pie. No pueden cambiarse de ropa porque no hay dónde lavarla; no tienen acceso a comida caliente. Los congresistas demócratas que visitaron algunos de los centros se mostraron horrorizados. Alexandria Ocasio-Cortez calificó de “horripilante” lo que vio. Declaró que algunos migrantes se ven obligados a beber de los inodoros porque no les dan agua; y denunció los insultos y el acoso de los guardias contra las personas en custodia. Ocasio-Cortez resumió así lo que encontraron: “Una crueldad sistémica en una cultura deshumanizada que los trata [a los migrantes] como animales”.

Contrasta con estas voces de denuncia la postura de quienes culpan a los migrantes de los sufrimientos a los que se ven expuestos. Óscar Martínez, cuya imagen flotando junto a su pequeña hija en el río Bravo impactó al mundo, fue culpabilizado de su suerte por el director interino de la Oficina Ciudadana de Servicios de Inmigración. Particularmente indolente fue la reacción de Donald Trump ante las denuncias de inhumanidad en los centros de detención. “Muchos de estos extranjeros ilegales están viviendo mucho mejor ahora que de donde ellos vienen y en condiciones más seguras”, dijo. Más allá de la insensibilidad a la que nos tiene ya acostumbrados, las despectivas palabras de Trump ponen sobre el tapete dos de las realidades que empujan a migrar. La exclusión socioeconómica y la inseguridad galopante hacen que, a sabiendas de los peligros, miles de centroamericanos se vean obligados a huir de sus países en pos de mejores condiciones de vida. Una búsqueda que demasiadas veces deriva en pesadilla.

Es vergonzoso que la defensa de los derechos fundamentales de los migrantes detenidos en la frontera provenga casi en exclusiva de voces estadounidenses. Es vergonzoso que los Gobiernos de los centroamericanos recluidos no denuncien esta inhumanidad. En la reciente clausura de la cuadragésima novena Asamblea General de la OEA, la canciller salvadoreña dejó clara su preocupación por la situación de la gente en Venezuela y Nicaragua, de cuyos Gobiernos tomó distancia, pero no dijo una sola palabra en defensa de los migrantes salvadoreños. Compartir visiones e ideología con el Gobierno estadounidense no debe ser impedimento para tener decencia, dignidad y denunciar lo intolerable.

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