Opinión

En El Salvador: ¿Caudillismo mesiánico a la vista?


Imelda Jacobo / 26 febrero 2019 / 3:44 pm

Por Guillermo Mejía*

Por la rendija del reciente estira y afloja entre el presidente electo Nayib Bukele y sus adversarios de los partidos Arena y Fmln, sobre el cambio de parte del destino de un crédito para construir el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa, cabe preguntarse si caeremos en la tentación del caudillismo mesiánico.

No prosperó la iniciativa, que buscaba parte de 32 millones de dólares para educación. El Legislativo no era el camino, sino el Ejecutivo, según el organismo internacional proveedor de los recursos, máxime en un período de transición que se supone debe haber armonía entre el que le toca entregar el mando y el que lo recibe.

Sin embargo, no puede pasarse por alto la forma en que el presidente electo condujo el asunto frente al conglomerado, especialmente a través de las redes sociales y, por supuesto, con la atención automática de los medios de comunicación que velan cada mensaje –o más bien descarga emocional- de la fuente.

“Hagan su edificio de $32 millones si quieren… Antes de que lo terminen, tendremos mayoría en la @AsambleaSv y lo convertiremos en un nuevo hospital para niños. Con helipuerto para emergencias”, advirtió Nayib Bukele en su cuenta de Twitter. En buen salvadoreño, el salveque al no atenderse su demanda con prontitud.

Para ilustrar el caso, el caudillismo mesiánico fue abordado días atrás en The New York Times por el escritor argentino Diego Fonseca en su comentario “El mundo compartido de Donald Manuel López Trump”, donde ve en los presidentes de Estados Unidos y de México una versión corregida y aumentada del añejo hombre fuerte.

Donald Trump creó una emergencia nacional para tomar dinero federal, para construir su electorero muro fronterizo; mientras, Andrés Manuel López Obrador dio por acabada la guerra contra el narcotráfico en su búsqueda de la paz, decisiones puestas en escena en el teatro mediático para el consumo de las audiencias.

“El gusto de los dos líderes por la inventiva no es baladí: ambos son mesiánicos. Uno cree que es el tipo más listo del mundo. El otro ha bautizado a su brevísimo gobierno como la Cuarta Transformación de México, ubicándose —sin esperar al juicio histórico— en el mismo panteón que Benito Juárez”, señaló el escritor argentino.

Y agregó: “Este caudillismo mesiánico es un problema. En ambos está la idea de refundar la nación y en ambos predomina el amor por imponer hegemonías más que tejer consensos. Primero va el líder, luego las instituciones. Con matices, AMLO y Trump son la cabeza de movimientos enfebrecidos que han polarizado a México y Estados Unidos. En ocasiones, sus “bases” se parecen a un hato de fanáticos para los que no existe mayor verdad que la razón de sus líderes y que ven en cualquier crítica un gesto de alta traición”.

Fonseca cree que no son tiempos para estos comportamientos: “En un momento de discursos incendiarios y sociedades divididas, si Donald Manuel López Trump dicen que cambiarán las cosas, debieran empezar por lo imposible: cambiar ellos mismos. Esto es, menos caciques y, al menos, más políticos. Estos son tiempos para seres aburridos, diplomáticos y pausados no para la agitación de líderes que creen que el mundo debe ajustarse a sus caprichos”.

Y concluyó: “Si quieren salvar a Estados Unidos y transformar a México, su camino debiera ser el más aburrido de todos: el lento, imperfecto y agridulce escenario de las negociaciones institucionales, la inevitable convivencia con los otros, el farragoso —pero imprescindible— proceso de construcción de consensos. Si en cambio tiran de sus tácticas mesiánicas, la derrota —de ellos y de todos— es más cercana”.

En Brasil, se regodea el derechista Jair Messias Bolsonaro como otro de los caudillos mesiánicos de estos tiempos. Vale preguntarse: ¿cuál será el destino de Nayib Bukele en El Salvador?

 

*Guillermo Mejía, periodista y profesor universitario.

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