Opinión

El buen periodismo como antídoto a la desinformación


Imelda Jacobo / 19 febrero 2019 / 1:20 pm

Por Guillermo Mejía*

Sumergidos en una atmósfera cargada de falsedades –fenómeno que para nada es nuevo- a periodistas, editores y académicos nos queda la obligación de no claudicar en el esfuerzo profesional que asegure a los públicos un periodismo de calidad, el antídoto contra el veneno de la desinformación.

El especialista mexicano Raúl Trejo Delarbre, que recién publicó su ensayo “La disputa por la verdad”, nos señala que “las noticias falsas, cuando tienen éxito, es porque resultan verosímiles. A veces quienes confían en ellas tienen necesidad de creer en algo. En otras ocasiones, las versiones falsas se ajustan a las tendencias o los prejuicios de las personas”.

En El Salvador, en la sucesión de hechos cotidianos, marcados por preocupaciones puntuales como la situación de inseguridad o la crisis económica, encontramos una descarga de informaciones falsas, rumores o chambres dependiendo el interés de grupos particulares o interesados que potencian sus acciones con la utilización de las redes sociales.

El problema quedó evidenciado aún más en el marco de las elecciones presidenciales, que ganó el ex alcalde capitalino Nayib Bukele con el partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) que, no obstante ser una agrupación formada por el ex presidente Elías Antonio Saca preso por corrupción, representó el azote para el binomio Arena-Fmln.

Señala Trejo Delarbre que “la avasalladora abundancia de información que recibimos nos aturde tanto que, con frecuencia, no acertamos a distinguir entre hechos ciertos y falsos. En las redes sociodigitales las informaciones más variadas se confunden y, así, se trivializan”.

Agrega: “Los medios de comunicación profesionales, que han tenido la función de autentificar y jerarquizar las noticias, han sido en parte —y en algunos casos totalmente— desplazados por las informaciones en Facebook, Twitter y otras redes. Gracias a internet y sus redes adquirimos la capacidad de tener voz ante los más variados asuntos. Pero en vez del concierto de puntos de vista que requeriría un intercambio en democracia lo que tenemos, en general, es un griterío en donde sobresalen las expresiones más altisonantes. Esa confusión facilita que circulen noticias falsas”.

De acuerdo con el autor mexicano, la trivialización de las informaciones auténticas y su entremezclamiento con noticias falsas se acentúa debido a tres rasgos propios de las redes sociodigitales: Primero, la velocidad que alcanza la propagación de cualquier tema, pero muy especialmente la rapidez con la que circulan noticias insólitas, extravagantes o sorprendentes.

Segundo, el carácter reticular de esa propagación. Las informaciones no circulan de manera uniforme (como sucede en los medios de comunicación convencionales) sino con mayor cobertura e intensidad entre las personas dispuestas a creerlas; y tercero, en algunos casos esa propagación es intencional. Qué mejor forma que utilizar las redes sociodigitales para tal propósito.

Según Trejo Delarbre, “el periodismo profesional es el mejor recurso que tenemos ante las noticias falsas. Las versiones improvisadas o falsas no resisten la prueba de una investigación periodística rigurosa”.

Y concluye: “En medio del torrente de datos e informaciones que recibimos todo el tiempo, los medios de comunicación profesionales, cuando hacen su trabajo, distinguen las noticias auténticas de las falsas, les asignan la relevancia que ameritan de acuerdo con sus criterios editoriales (que desde luego varían de un medio a otro), difunden tales informaciones y aportan datos, documentos u otras notas que permitan aquilatarlas”.

El periodismo, pues, no puede ser cualquier cosa, mucho menos el miasma que transita las redes sociales.

 

*Guillermo Mejía, periodista y profesor universitario.

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