Editorial

Ante el odio, fraternidad


Redacción YSUCA / 20 mayo 2021 / 7:21 pm

Editorial UCA


No son pocas las noticias y los mensajes en redes sociales que a diario muestran expresiones de odio contra determinados grupos. Odio a migrantes, a personas con distinto color de piel, a gente sin hogar, a grupos étnicos minoritarios, a homosexuales y transexuales, a miembros de otra religión y cultura, a víctimas de la pobreza. Estas expresiones alimentan la violencia y la discriminación social. Lo contrario es la fraternidad, un valor muy propio del cristianismo, profundamente enraizado en los evangelios y en las enseñanzas de Jesús de Nazaret, cuyo mensaje principal es que todos, sin distinción, somos hermanos e hijos de un mismo padre Dios, y de ahí su mandamiento: “Ámense unos a otros”.

La fraternidad es un valor humano que a lo largo de los siglos ha sido adoptado y defendido por distintos movimientos sociales y políticos, fundamentados en la igual e inalienable dignidad de toda persona. Ejemplo de ello fue la Revolución Francesa, que a finales del siglo XVIII asumió la fraternidad como uno de sus principios de lucha, para desde ella construir una sociedad distinta a la de aquella época, que dividía a los seres humanos en dos: unos pocos privilegiados y una inmensa mayoría discriminada y sin derechos. Pese a su fuerza y nobleza, la fraternidad sigue siendo una quimera.
Se rompe la fraternidad cuando unos se creen más que otros; cuando se desprecia a quienes no comparten el mismo estatus socio-económico; cuando se establece la valía de las personas en términos instrumentales; cuando se estigmatiza a los que no comparten el mismo pensamiento político. Se estimula el odio cuando unos se creen poseedores de la verdad en desmedro del resto; cuando se niega la vigencia universal de los derechos humanos. Así nacen la xenofobia, la homofobia, la transfobia, el racismo, la aporofobia, que tienen en común la intolerancia a la diferencia.

Un grupo que sufre con gran crudeza ese odio es la comunidad LGBTI, frecuente víctima de discriminación y de crímenes de diverso tipo. En no pocas ocasiones, quienes los insultan y acosan dicen estar defendiendo la moral y las buenas costumbres, incluso afirman rechazarlos en nombre de la fe. Pero el odio es un sentimiento inhumano incompatible con el cristianismo. El papa Francisco lo señala rotundamente en su encíclica Fratelli tutti (Todos hermanos): “Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevaler a veces ciertas preferencias políticas por encima de las hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor”.

Trabajar para cambiar el mundo y hacerlo mejor, más humano y más cristiano, requiere buscar la fraternidad por encima de todo, rechazando cualquier tipo de odio y poniendo en su lugar el encuentro, la acogida y el diálogo. Avanzar hacia ello en nuestro país es más que un ideal, es una necesidad urgente, en cuya satisfacción se juega la viabilidad de El Salvador como proyecto común.