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Opinión

Santidad y política


Redacción YSUCA / 26 marzo 2021 / 2:39 pm

José María Tojeira
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Durante muchos años pensábamos en la santidad como una aventura personal, llena de caridad hacia el prójimo, de esfuerzo personal por seguir las huellas de Nuestro Señor Jesucristo, y por supuesto con una actitud impregnada de una enorme confianza en Dios nuestro Padre. El tema político parecía ajeno a la santidad y se desconfiaba de él. Y más cuando la experiencia de muchos buenos cristianos era que en la política se practicaba un enorme fariseísmo: se hablaba siempre de valores, pero se practicaba, a veces de un modo masivo, la corrupción y el abuso. San Óscar Romero, los ya reconocidos como beatos Rutilio, Nelson y Manuel, una mujer ejemplar como Marianela García Villas, o los que podríamos llamar mártires anónimos de la masacre del río Lempa, todos ellos asesinados en el mes de marzo de diferentes años, críticos e independientes respecto a las políticas imperantes de su época, nos enseñaron a valorar un nuevo modo de relación entre la santidad a la que todos estamos llamados y la política, en su sentido amplio de construcción y defensa del bien común.

Sin embargo, desde el principio del culto a los santos, la santidad tuvo relaciones con la política. En efecto, durante las persecuciones habidas en el Imperio Romano a los mártires se les perdonaba la vida a condición de que reconocieran al emperador como Señor de la historia. Pero los cristianos sabían que el único Señor de la historia era Jesús, muerto y resucitado. Y muchos fueron ejecutados por negarse a unir esas dos palabras, señor de la historia, con el emperador. Aunque las razones de las persecuciones fueron diversas, la dimensión política que implica no reconocer el señorío absoluto de la historia al emperador fue sin duda una de las razones del odio imperial a los cristianos. En nuestra época la denuncia de la explotación, de las idolatrías del dinero y del poder, tenían también su dimensión política. Incluso el anuncio y compromiso de la fraternidad cristiana con la justicia y el desarrollo de los pobres les parecía una actitud política reprochable a quienes asesinaron a nuestros mártires y tantas otras víctimas.

Ellos siguieron el pensamiento de la Iglesia que pide a los cristianos que la caridad, además del apoyo individual al necesitado, suscite nuevos modos de “afrontar los problemas del mundo de hoy y renovar  profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política” (Compendio de doctrina Social de la Iglesia n° 207).

Por eso en este mes de marzo, e incluso como preparación para la Semana Santa, debemos recordar a nuestros mártires y su ejemplo: Amaron individualmente  a todos y cada una de las personas que se fueron cruzando en su existencia, y al mismo tiempo amaron a la comunidad social salvadoreña, insistiendo en que se organizara y estructurara “la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (Compendio n° 208).

Hoy, en una sociedad en la que hay un índice alto de pobreza, donde se atenta contra el medio ambiente, o donde se impulsa un individualismo egoísta que refuerza la desigualdad y la corrupción, nos corresponde a los cristianos desarrollar esa caridad social y política de la que nos habla la Iglesia y de la que nos dieron ejemplo nuestro santo Romero y otros tantos mártires salvadoreños. Nuestra misma Constitución pone como objetivo estatal la justicia social. El Evangelio, más allá de la justicia, nos pide amar a nuestros prójimos en esa doble dimensión: amor samaritano a quien encontramos tirado en el camino de la vida y amor político que busca siempre el bien común de todos y todas desde las estructuras sociales. Entre los dichos populares se usa con frecuencia la frase “por la verdad murió Cristo”. Pero la gran verdad que Cristo nos enseñó es que “Dios es amor” y que “quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve” (ambas frases en el capítulo 4 de la primera carta de Juan).

La Semana Santa con la muerte y resurrección del Señor, nuestros mártires y víctimas que se unieron a la muerte y resurrección del Señor, dan testimonio de esa verdad y nos invitan a nosotros a amar personal y socialmente a todos nuestros prójimos.

 

* José María Tojeira, director del Idhuca. 

 

 

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