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Editorial

Luces y sombras


Redacción YSUCA / 21 mayo 2020 / 7:07 pm

En la conferencia de prensa del lunes 18 de mayo, a diferencia de sus anteriores intervenciones, el presidente arrojó algunas luces, aunque tenues, sobre este período de emergencia. Por supuesto, también hubo sombras. Una mirada a ambas permite retratar la situación en la que se encuentra el país.

Por primera vez durante esta crisis, el presidente salió de la burbuja de las redes sociales y de Casa Presidencial, y se expuso al escrutinio de los periodistas, como es normal en las democracias. Además, fue propositivo, a su manera: se refirió a los otros poderes del Estado para hacer una propuesta concreta de reapertura, con tiempo y fecha específicos. La propuesta supone una ruptura con la incertidumbre en la que ha estado sumida la población y aporta un poco de tranquilidad y esperanza. Asimismo, el presidente, aunque no se privó de lanzar sus críticas acostumbradas, afirmó que reconoce la última resolución de la Sala de lo Constitucional y que la acatará. Con ello, después de muchos desvaríos totalitaristas, dio una primera señal clara de que acepta que la nuestra es una democracia republicana, donde los contrapesos deben respetarse.

Sin embargo, Bukele sigue empeñado en su discurso maniqueo, que divide a los actores en buenos y malos, los que están a favor de la vida y los que están por la muerte; una división que responde a quiénes lo respaldan incondicionalmente y quiénes no. Este radical “conmigo o contra mí” atiza una polarización social nociva, que incita al odio, fomenta la intolerancia a la crítica e imposibilita reconocer méritos en los demás. Por otra parte, dejó claro que seguirá desconociendo al presidente de la principal gremial empresarial y que prefiere entenderse directamente con los representantes del gran capital. Condicionar la propuesta de reapertura a acuerdos con estos potentados refleja dónde están sus prioridades.

El presidente repitió que no ha recibido ni un centavo para esta emergencia, lo cual no es cierto. Un día antes, en la cadena nacional del 17 de mayo, enumeró (que no es lo mismo que presentar un informe oficial detallado) una serie de gastos realizados hasta la fecha, por un monto total de 1 mil 163 millones 910 mil dólares. Se argumenta que ese dinero se ha tomado del Presupuesto del año 2020 y que por eso no hay para pagar los salarios de los empleados públicos. Pero hay que saber que para la emergencia el Gobierno recibió una transferencia por 25 millones de dólares provenientes del ISSS, que se emitieron Letes a corto plazo por un monto de $491 millones y Certificados del Tesoro por $483 millones. Además, se contabiliza un préstamo de la Agencia Japonesa de Cooperación por $46 millones y la donación de $1 millón del BCIE. Es decir, el Gobierno sí ha tenido disponibilidad de efectivo para la emergencia, independientemente de que los miles de millones de dólares que le han autorizado estén por gestionarse. Gestión que será más difícil y onerosa si continúa la confrontación entre los poderes del Estado.

El discurso del presidente se vuelve en su contra. Acusa a la Asamblea Legislativa de recibir a la ANEP, pero él recibe a los multimillonarios del país. Acusa de irrespeto a las leyes y a la Constitución, de usurpación de poderes, de gobernar por decretos, etc., vicios que con toda propiedad se le pueden achacar a su Gobierno. Con sus actuaciones, revive a diario la imagen del 9 de febrero. El mensaje de “o hacen lo que yo digo, o lo hago por mi cuenta” debe ser revisado. El mandatario debe asesorarse mejor. De poco le servirá ganar votos en las próximas elecciones con su discurso polarizador si con ello profundiza el conflicto social y consolida su imagen autoritaria a nivel internacional.

Es lamentable que la ciudadanía esté tan o más preocupada por los conflictos entre los poderes del Estado que por la pandemia. También lo es que se genere confusión entre la población por la falta de acuerdos. Tan irracional es anunciar el veto a un proyecto de ley sin antes conocerlo y examinarlo detenidamente como cerrarse a un diálogo con el Ejecutivo. Después de este primer paso, el presidente debe seguir dando luces y abandonar definitivamente las sombras que oscurecen su gestión. Es urgente abrirse al diálogo, que prive la sensatez y que los intereses electorales, tanto del Gobierno como de la oposición, no se impongan sobre las necesidades de la sociedad.

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