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“Quédense en casa”, recomendación imposible para los sin techo de Rio


Redacción YSUCA / 25 marzo 2020 / 12:40 pm

Río de Janeiro | Foto Infobae

Radio Francia Internacional

Río de Janeiro (AFP)

Quedarse en casa y lavarse las manos son consignas que pueden parecer simples, pero no para los indigentes que viven en las calles en lugares como Rio de Janeiro.

La capital turística de Brasil entró en una paralización comercial parcial esta semana, cerrando escuelas, restaurantes, sus playas internacionalmente famosas y su icónica estatua del Cristo redentor, en el marco de las medidas adoptadas para combatir la propagación del nuevo coronavirus.

 

Los cariocas estaban renuentes al principio, pero han comenzado a quedarse en casa.

Pero “casa” no es una opción para los cerca de 15.000 sin techo de la ciudad, cuyas condiciones sólo empeoran en tiempos de pandemia.

Quienes dependían de donaciones de comida y de algunas monedas, enfrentan ahora calles casi desiertas. Comedores populares tienen dificultades para mantenerse funcionando con sus voluntarios en casa. Se suma también la preocupación de que los centros de abrigo se conviertan en núcleos de infección.

“Estamos intentando sobrevivir en esta situación. Es una lucha. Hacemos lo que podemos porque mucha gente ha parado de ayudarnos por temor a este virus”, dice Paulo Souza, de 35 años, un indigente instalado en Lapa, corazón de la vida nocturna de Rio, que ahora se encuentra casi vacío.

El barrio es famoso también por un extenso acueducto blanco. Las personas sin hogar ahora pueden utilizar la estructura, con elegantes arcos coloniales, para dormir sin ser perturbadas por el paso de peatones o vehículos.

“Queremos salir de las calles. Tenemos que salir si queremos comer, porque nadie nos está ayudando. Estamos asustados, porque nadie puede tener ningún tipo de contacto físico y para recibir algo necesitamos proximidad y contacto”, afirma Denise dos Santos, de 41 años.

Dos Santos pidió al presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, que critica el impacto económico de las medidas de confinamiento, “hacer algo” por personas como ella.

“No resuelve recogernos y colocarnos [en un abrigo] en medio de muchas personas”, dice.

Los abrigos de la ciudad tienen unas 2.300 camas, menos de un sexto de la población total de personas en situación de calle.

Muchos indigentes dicen que tienen miedo de estar en espacios abarrotados, lo que propagaría aún más el nuevo coronavirus.

Pero en la calle, tampoco están a salvo.

“Si es hora de contagiarme, me contagiaré, porque bebo agua del mismo vaso que mis amigos aquí”, dice un joven de 23 años que prefiere no ser identificado.

El nuevo coronavirus llegó a Brasil en febrero y fue interpretado inicialmente como una enfermedad traída por personas ricas, debido a que el primer caso identificado en Sao Paulo fue de un hombre llegado de Italia.

Pero ahora crece el temor sobre lo que podría pasar si se propaga entre los pobres, incluyendo las favelas que carecen de infraestructura básica de salud y servicios.

Los indigentes enfrentan riesgos mayores.

Brasil lidera el número de casos por el nuevo coronavirus en América Latina, con 2.201 pacientes confirmados y 46 muertos hasta el martes.

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