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Editorial

¿Y los derechos humanos?


Imelda Jacobo / 30 diciembre 2019 / 1:22 pm

Editorial 

Mientras la gira del presidente por Japón, China y Qatar acaparaba la atención de los medios nacionales, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la instancia más digna y respetable de la Organización de Estados Americanos (OEA), visitó El Salvador. Este tipo de visitas constituyen el método más utilizado por organismos internacionales para observar los estándares nacionales de protección a los derechos humanos. El objetivo principal de una observación en el terreno es aclarar hechos que han sido denunciados individual o colectivamente, investigar las circunstancias que los rodean y consignarlos en un informe objetivo, el que posteriormente se presenta a la OEA y se hace público. Las visitas “in loco” de las Comisión no son frecuentes ni ordinarias.

El Salvador fue visitado por la Comisión en 1978, en los albores de la guerra civil, y en 1987, en el apogeo del conflicto armado, tiempos en los que el respeto a los derechos humanos fundamentales era una quimera. Por ello, la visita de este mes es trascendental para el país. Es una premisa que la salud de una democracia se determina a partir del nivel de respeto a los derechos humanos. En este sentido, el país ha sido sometido por la Comisión a un examen sobre la situación de los derechos humanos en prácticamente todas las áreas del accionar público. Según el comunicado oficial del organismo, la comitiva atendió temas relacionados con seguridad ciudadana; memoria, verdad y acceso a la justicia; derechos de las mujeres y personas LGBTI; migrantes y desplazados; y derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Adicionalmente, como ejes transversales, se dio atención a la libertad de expresión, la situación de los defensores de derechos humanos y operadores de justicia, y a otros grupos en situación particular de riesgo. Tal importancia tuvo la visita que la delegación estuvo integrada por las más altas autoridades de la Comisión.

Por todo lo anterior, sienta mal la ausencia de Nayib Bukele durante la visita, con el agravante de que fue el Estado salvadoreño quien invitó a la Comisión a venir al país, por lo que las fechas de su llegada se conocían desde hacía meses. ¿Coincidencia o evasión? Que el presidente no esté presente durante la visita del organismo más importante del continente en materia de derechos humanos genera dudas respecto a la importancia que para el Gobierno tiene el respeto a dichos derechos. Además, que en su tuits Bukele hable solo de los logros económicos de su diplomacia y no haga referencia alguna a la visita tampoco es un buen mensaje. Quienes han servido de anfitriones a la delegación, además de los ministros del caso, son las organizaciones e instituciones que velan, promueven y defienden los derechos humanos en el país. Estos organismos se involucraron en la preparación de la visita y proporcionaron datos e información a la delegación.

Los logros de la gira del presidente, que él transmite machaconamente en sus tuits, han opacado la relevancia de una visita que debió ser de máxima prioridad para el Gobierno. Ojalá que el informe de la visita, que señalará aspectos clave para el bienestar de todos los salvadoreños, se tome con la debida seriedad cuando sea hecho público, porque los derechos fundamentales de la población no se atienden con distractores y escenificaciones, sino con base en compromisos sólidos y comprobables, y acciones prácticas coherentes y medibles.

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