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Internacionales

Glifosato: los alcaldes franceses se rebelan contra los pesticidas


Imelda Jacobo / 10 septiembre 2019 / 3:38 pm

Decididos a proteger a sus electores y cansados de la inacción del Estado, decenas de alcaldes franceses, de todos los partidos políticos, han lanzado una batalla contra los pesticidas, multiplicando decretos que prohíben su uso en varios lugares, rurales y urbanos. El gobierno abrió una consulta pública para prohibir las fumigaciones agrícolas en una franja cerca de las viviendas. Reportaje.

 

Con las primeras lluvias de final de verano, las hierbas han crecido. Frente a la iglesia, Herminio, un parroquiano de 68 años, está quitando los pastos que sobresalen entre los adoquines. Estamos en Sceaux, una ciudad muy acomodada, a pocos kilómetros al sur de París. “Tengo este binador de jardinería y arranco las hierbas a mano… Luego esperaré que vuelvan a crecer para volver a arrancarlas!”, se ríe. “En el pasado, los jardineros de la alcaldía utilizaban algunos pesticidas pero ahora ya no”, explica.

La municipalidad de Sceaux asegura que hace más de diez años que ha abandonado el glifosato y los pesticidas en el cuidado de sus zonas verdes. Desde 2017, la ley francesa los prohibe en los espacios públicos y desde 2019 en los jardines particulares. “Antes, poníamos glifosato en mayo cuando brotaban las primeras hierbas y luego estabamos tranquilos durante seis meses”, afirma David Chategnier, responsable de dichas áreas. “Ahora no usamos ningun producto fitosanitario y eso nos obliga a desmalezar”. Sus agentes lo hacen con rastrillos, binadores, máquinas con cepillos rotativos. “Eso exige mucho más mano de obra, no es fácil”, apunta. “Por ejemplo, van 15 agentes para quitar la maleza en una calle durante un día. Hacemos campañas de una semana para desmalezar, y eso solo para limpiar un barrio!” 

Los céspedes de Sceaux ya no son uniformes como antes. Los dientes de león, el trébol y otras malezas han ocupado su espacio y no es raro encontrar una planta de tomates entre las flores. Pero el efecto para la biodiversidad salta a la vista. “Lo vemos muy claramente: los insectos vuelven, las lombrices vuelven a aparecer en los suelos. Al no usar estos productos químicos, la fauna regresa a los terrenos”, se felicita Chategnier.

 

Principio de precaución

Ahora otros actores también tendrán que poner el hombro para quitar la maleza. El alcalde centrista Philippe Laurent decretó en mayo la prohibición del glifosato y los pesticidas en todo su municipio. En su mira: los jardines comunes de las copropriedades y las vías de ferrocarril que, hasta ahora, no están contempladas en la ley.

“Hoy todos conocemos el peligro que representan estos productos químicos, en particular con las investigaciones que se han hecho sobre el glifosato”, destaca Philippe Laurent. “No hemos realizado ningun estudio específico sobre la población de Sceaux pero, gracias a experiencias que se hicieron en otras comunas, sabemos que, tanto en comunas rurales como en comunas urbanas, en incluso en poblaciones que se pensaban protegidas por vivir lejos del campos, se detecta una presencia elevada de estos químicos en el cuerpo. Por eso, hemos decidido aplicar el principio de precaución. Es una cuestión de salud pública en el futuro”.

En las últimas semanas, más de 50 alcaldes han adoptado decretos similares en Francia. El primero que lanzó esta batalla contra los productos fitosanitarios, fue un edil de Bretaña, Daniel Cueff: prohibió el uso de pesticidas en terrenos a una distancia inferior a 150 metros de casas y lugares de trabajo. Frente a la repercusión mediática que recibió el llamado de este alcalde, el propio presidente Emmanuel Macron le respondió. “Pienso que la solución no es tomar un decreto ilegal sino movilizarse para cambiar la ley y lo hemos empezado a hacer”, dijo el mandatario al portal Kombini. “Debemos ir hacia una regulación de las zonas de fumigación de pesticidas. Lo hemos visto con poblaciones que viven cerca de los viñedos o de otros cultivos donde hay muchas fumigaciones: tienen consecuencias para la salud pública. Nos toca ahora modificar la ley, conversar con los agricultores y productores, para que puedan seguir trabajando porque esto tiene un costo para ellos. Por eso apoyo al alcalde en sus intenciones pero no puedo estar de acuerdo cuando no se respeta la ley”, declaró Macron.

Una exigencia ciudadana

El Estado argumenta que regular los productos fitosanitarios no es competencia de los municipios, sino del ministerio de Agricultura. Por eso, en distintas regiones, los prefectos, que son los representantes directos del Estado a nivel local, demandaron a los alcaldes rebeldes ante la justicia. En agosto, el primer decreto de Bretaña fue suspendido por un tribunal.

Respondemos a una exigencia de la mayoría de los ciudadanos, replican los alcaldes. A pocos meses de las elecciones municipales de marzo de 2020, se acuerdan también del auge del partido ecologista en los últimos comicios europeos. 

“Como alcaldes, nuestra responsabilidad es garantizar la salud, salubridad y seguridad públicas en nuestros municipios. Nos dicen que nosotros tenemos que actuar frente a los problemas de inseguridad. Muy bien, lo haremos para la seguridad pública pero también para la salud pública, puesto que el Estado no actúa suficientemente”, se defiende Philippe Laurent, también secretario general de la Asociación de los Alcaldes Francia. 

En nombre del “principio de precaución” y “en solidaridad con las asociaciones y los alcaldes”, el presidente del departamento del Val de Marne, en la región parisina, informó que adoptó un decreto que prohíbe los “productos fitofarmacéuticos que contienen glifosato y perturbadores endocrinos” pesticidas en todo su territorio.

“Podemos obtener la prohibición del glifosato en 2020”

Este movimiento de desobediencia busca presionar al gobierno para que apure el calendario de prohibición de los pesticidas y del glifosato. Emmanuel Macron luchó para que la Unión Europea renovara la autorización del glifosato por cinco años y no por quince. Pero el mandatario abandonó su compromiso de prohibirlo dentro de 3 años a nivel nacional.

“Queremos que se accelere el calendario y el trabajo con los agricultores para encontrar soluciones de remplazo para ellos y, porqué no, acompañarlos en este cambio. Una parte de los agricultores comparte nuestra preocupación y quiere dejar de usar estos productos, aun cuando sea menos rentable”, afirma el alcalde Philipe Laurent. “Pienso que si organizamos discusiones de fondo, podemos obtener la prohibición total del glifosato en todo el territorio francés para el 1 de enero de 2020, quizás con un plazo suplementario para las zonas muy rurales donde no hay casas cercanas”, indicó a Radio Francia Internacional.

En las calles de Sceaux, muchos habitantes respaldan su iniciativa. “Entre los escándalos con los medicamentos y los pesticidas, ya basta”, comenta Prisca, ingeniera y madre de dos hijos. “Tenemos que tratar de disminuir todos los productos nocivos para la salud, especialmente para los niños pero también para nosotros”, apunta. “Todo lo que favorece la ecología, es positivo. Necesitamos iniciativas locales como ésta, iniciativas cercanas a los ciudadanos”, celebra por su parte Jeremy, padre de familia. Y Aurélie, otra habitante, asiente: “No lograremos nada si esperamos que las instancias máximas se decidan a actuar”.

Proteger las aguas subterráneas

En las zonas rurales, los decretos municipales anti-pesticidas no fueron recibidos de forma unánime. Los agricultores locales en particular están molestos. Viajamos entonces a Saint-Eloi de Fourques, en el campo de Normandía, a una hora y media al noroeste de París.

En este pueblo de 540 habitantes, rodeado de terrenos agrícolas, Denis Szalkowski, alcalde sin etiqueta política, decidió en julio prohibir el uso de los pesticidas en una franja de dos metros a lo largo de las carreteras. “2 metros es el tamaño de un seto vegetal o de una zanja”, subraya frente a su alcaldía de piedras rojas.

“Desde hace algunos años aquí tenemos cultivos de papas. La papa es el cultivo más tratado con pesticidas en Normandía. El segundo problema es que cuando llegan las primeras tormentas en abril, los agricultores hacen los surcos en el sentido de la pendiente para evacuar el agua y como ya no tenemos ni zanjas, ni setos vegetales, ni zonas de pasto en los limites de los campos, pues el agua chorrea hacia las carreteras y todos los pesticidas se van hacia las aguas subterraneas y al agua que tomamos”, explica el edil.

A la salida de la escuela, dos madres jóvenes respaldan la decisión del alcalde. “Nosotros vivimos al lado de un terreno agrícola y el alcalde nos dijo que, con el viento, es probable que los pesticidas hayan llegado hasta nuestra casa… Por eso pienso que su decreto es una buena solución. Pero se ha creado muchos enemigos entre los agricultores”, dice Lolita. Sarah lamenta por su parte que su alcalde “tenga que ir ante la justicia por eso”. “Creo que es una forma positiva de desobedecer”, dice.

Los agricultores, enfadados

Un kilometro más alla, Mathieu et Alain Huché tienen una explotación agrícola de 190 hectareas. Cultivan lino para textiles, trigo, colza, remolachas, papas y también manzanas, en este caso orgánicas, para hacer sidra. Han instalado medidores meteorológicos en sus terrenos y se apoyan en un modelo matemático, disponible en una aplicación en su smartphone, para decidir cuándo y cuánto fumigan. Están enfadados con la decisión del alcalde.

“No hemos esperado estos decretos para reducir nuestra utilización de los productos fitosanitarios”, dice Mathieu Huché, el hijo. “Realizamos cientos de estudios científicos para mejorar nuestra forma de trabajar. La agricultura de hoy no es la misma que la de los años 80. Si hablamos del glifosato, antes usábamos 4 litros por hectárea. Ahora usamos menos de un litro por hectárea porque tenemos herramientas eficaces y porque hemos realizado pruebas científicas para saber cuándo fumigar, con qué condiciones meteorológicas, etc. Hoy, las prácticas agrícolas han evolucionado un montón, y creo que los consumidores no están conscientes de eso”, apunta.

“Cuando se habla en televisión de los productos fitosanitarios, muestran imágenes de fumigaciones con aviones”, se queja. “Esto no pasa en Francia. Aquí tenemos explotaciones agrícolas más bien pequeñas – el promedio son 100 hectáreas – y por tecer año consecutivo, la revista ‘The Economist’ nos eligió como “la agricultura más sotenible del mundo” en materia social, económica y medioambiental”, subraya.

Los dos agricultores, padre e hijo, cuestionan la eficacia de la decisión del alcalde. Aseguran que el agua que se infiltra no es la que se consume en el pueblo. Sobre todo temen una prohibición total y repentina de los pesticidas. Algo que los pondría en dificultad frente a productos de exportación más baratos puesto que no respetan las mismas reglas.

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