Editorial

Pasos concretos hacia el cambio


Imelda Jacobo / 11 febrero 2019 / 1:09 pm

Editorial UCA

11/02/2019

El país necesita dar pasos concretos hacia un cambio real. Después de las elecciones, se han visto algunas señales esperanzadoras. El presidente electo ha solicitado públicamente que en las dependencias estatales no se contrate personal a última hora ni se cambie contratos temporales por permanentes. Regalar puestos de trabajo o recetarse aumentos ante la inminencia de un cambio de administración no es más que un abuso. En ese sentido, la petición del próximo mandatario es buena, como buena ha sido la reacción del Gobierno, que prohibió la creación de nuevas plazas, los incrementos salariales y el traslado de personal por contrato a un régimen de Ley de Salarios. Otras exigencias públicas de Nayib Bukele muestran una orientación hacia un modo muy dinámico de hacer política pública. Si de Salvador Sánchez Cerén se decía que comunicaba poco desde el Ejecutivo, el futuro mandatario muestra que su estilo será distinto. ¿Es bueno eso? Sí, pero siempre y cuando la comunicación esté abierta al debate racional y a la crítica. Sin embargo, es urgente que el próximo Gobierno planifique acciones para atender las urgencias más sentidas de los salvadoreños.

El tema del agua quedó en suspenso durante la campaña electoral. A Bukele le corresponderá proponer una legislación coherente con la crítica situación del recurso hídrico y el mayoritario clamor ciudadano contra la privatización del servicio de agua. La educación tiene también tareas pendientes. Es necesario mejorar la calidad del sistema educativo y ampliar su cobertura, a fin de incluir a la niñez y la adolescencia desde los cero a los 18 años de edad. Además, debe trabajarse en la conectividad a Internet de los institutos públicos. Mientras el 83% de los centros educativos privados están conectados a la Web, el porcentaje es solo del 22% en el caso de los centros públicos, que atienden a mucha más población. Seguramente, el presidente electo, que basó su campaña en el uso intensivo de las redes sociales, sabrá entender como prioridad que los niños y jóvenes que estudian en el sistema público tengan acceso a Internet.

Toda transformación pasa no solamente por legislación, sino por actos concretos. Si estos no se producen, si el cambio queda contenido exclusivamente en el discurso, la decepción de la ciudadanía será grande. A partir del 1 de junio, Bukele tendrá que demostrar que quiere y puede implementar acciones que garanticen procesos de cambio en el país. Durante los Gobiernos de Arena y del FMLN, la institucionalidad fue mejorando, aunque con demasiada lentitud. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y el Instituto de Acceso a la Información Pública son buenos ejemplos de esa mejora. Pero en el campo de los derechos económicos y sociales, el avance ha sido mínimo. No se ha conseguido eliminar la pobreza ni se han resuelto los graves problemas de la educación y la salud. A Bukele le toca iniciar una dinámica de políticas de Estado centradas en esos problemas; políticas que estipulen indicadores de progreso y que establezcan una planificación que trascienda los cinco años de gestión.

Mal estará El Salvador si no se logra definir un rumbo claro de desarrollo de largo plazo; más aún si se cae en la inercia y la lentitud que caracterizó de una u otra manera a los Gobiernos de los últimos treinta años. Nayib Bukele y su movimiento constituyen una nueva realidad, más allá del vehículo partidario que les permitió participar en las elecciones. Si la novedad se convirtiera en rutina y autoindulgencia, el fracaso sería rotundo. Tener un plan concreto y claro de cómo avanzar en los derechos económicos y sociales es la única manera de responder con eficacia al gran número de salvadoreños que les otorgaron el voto.

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